La liebre y la tortuga aprenden estrategia

La liebre y la tortuga aprenden estrategia

Había una vez una tortuga y una liebre que estaban discutiendo sobre cuál de las dos era la más rápida. Decidieron resolver la discusión con una competición. Se pusieron de acuerdo en una ruta y le propusieron a la zorra que les diera la salida: preparadas, listas…ya¡¡.

 La liebre salió disparada por delante y corrió con todas sus fuerzas durante un tiempo. Entonces, viendo que estaba mucho más adelantada que la tortuga, pensó que podría echar su siesta diaria y relajarse antes de continuar la carrera. Se sentó bajo un árbol y en seguida se quedó dormida.

 La tortuga pasó arrastrándose y la adelantó, y terminó la carrera, quedando como ganadora absoluta. La liebre se despertó y se dio cuenta de que había perdido la carrera.

La moraleja: Las tortugas se centran muy bien en las tareas.

Y la historia continúa como sigue…

La liebre se dio cuenta de que estaba decepcionada, y aún así, se puso a hacer un análisis de lo que había pasado. Detectó su error al poner la carrera a la hora de la siesta, una actividad que a ella le gustaba muchísimo, tanto le gustaba, que se había descentrado de la tarea de correr cuando vio un hermoso árbol y su sombra. Así que retó a la tortuga a otra carrera. Pero esta vez tuvo en cuenta la situación, y le propuso correr por la mañana muy temprano, así se centraría mejor en la tarea.   A las ocho de la mañana estaban en la salida. La zorra aún bostezaba, pero así y todo les dijo: preparadas, listas, ya!!!…Esta vez la liebre salió y corrió sin detenerse desde el principio hasta el fin de la carrera. ¿Sabes por qué?, pues porque el contexto de esta segunda carrera tenía dos cosas que la hacían diferente, ¿sabes qué? primero la liebre había planificado la prueba y no echó en falta su siesta y segundo, ya tenía ¡¡una derrota!!, y esto hacía que, aunque el trazado fuera el mismo, el contexto era diferente para la liebre. Así es que no falló y ganó por mucha ventaja.

La moraleja: “El rápido y firme siempre vencerá al lento y tenaz sólo si se centra en la tarea. Es bueno ser lento y constante, pero es mejor ser rápido y fiable siempre que te centres en la tarea. O sea, lo importante es la habilidad de centrarse en la tarea.

Pero la historia no termina aquí

La tortuga también se puso a analizar la situación, y se dio cuenta de que no había forma de vencer a la liebre en esta carrera del modo en que estaba trazada. Pensó durante un rato y después retó a la liebre a una tercera carrera, pero por una ruta ligeramente diferente. La liebre accedió, esta vez aplicaría su nueva habilidad, centrarse sólo en la tarea, aunque hubiera tentadores árboles con sombras. Salieron a la orden de la zorra: preparadas, listas….ya!!, que estaba convencida de que si su amiga la liebre cumplía con la idea de ir pensando en tarea, tarea, tarea, y correr a toda velocidad, ganaría seguro; pero entonces pasó que ¡¡la liebre llegó a un ancho río!!, y la línea de meta estaba a un par de kilómetros del otro lado. La liebre se sentó allí pensando qué hacer. Mientras tanto, la tortuga pasó a su ritmo, se metió en el río, nadó hasta la orilla opuesta, y tenaz y constante terminó la carrera.

La moraleja: “La tortuga también había analizado la situación: primero identificó sus facultades y circunstancias particulares, y después cambió el trazado de la carrera para que vaya bien con ellas”. Usó una estrategia y se centró bien en la tarea, sin preocuparse por el resultado final.

Pero la historia no termina aquí

Como imaginaréis, la liebre y la tortuga tenían valores y puntos de vista de la vida muy diferentes, pero se habían hecho muy buenas amigas, y se pusieron a pensar juntas, con la presencia de la expectante zorra. Intercambiaron sus puntos de vista y sus expectativas y se dieron cuenta de que la carrera del río se podía correr mejor para conseguir cada una de ellas sus ilusiones. Así que decidieron repetir el trazado del río, pero esta vez correr en equipo . Preparadas, listas …ya¡¡¡, gritó la sorprendida zorra al verlas tan centradas en la tarea. Esta vez la liebre llevó a cuestas a la tortuga hasta la orilla del río. Allí, la tortuga la sustituyó y nadó hasta el otro lado con la liebre a su espalda. En la orilla opuesta, la liebre cargó de nuevo a la tortuga y alcanzaron juntas la línea de meta. Ambas tuvieron un sentimiento de satisfacción, la liebre, por completar el trazado del río por primera vez, aunque fuera en hora de la siesta?, y la tortuga por sentir, por fín, la sensación de velocidad y completar el trazado tan rápido.

La moraleja:

“Es bueno ser brillante individualmente y tener facultades importantes; pero a menos que seas capaz de trabajar en equipo y coordinarte con las facultades de los demás, siempre lo harás peor de lo normal porque siempre habrá situaciones en las que tú lo harás regular y otra persona lo hará bien.

Tomad nota de que ni la liebre ni la tortuga se rindieron después de los fracasos. La liebre decidió trabajar más la estrategia y centrarse más en la tarea. La tortuga, que ya era muy tenaz y se centraba muy bien,  cambió su estrategia porque ya estaba trabajando centrada en la tarea.

En la vida, cuando nos enfrentamos con un fracaso, algunas veces es apropiado trabajar más duro y poner más esfuerzo. Otras veces es apropiado cambiar de estrategia e intentar algo diferente. Y algunas veces es apropiado hacer ambas cosas.

 La liebre y la tortuga también aprendieron otra lección vital: que cuando dejamos de competir contra un rival y, en su lugar, empezamos a competir contra la situación, funcionamos mucho mejor.