
Semi era un granjero que cultivaba sus campos desde hacía muchos años. Un día, durante una fuerte tormenta, su yegua huyó asustada por los relámpagos.
Al enterarse de la noticia, sus vecinos lo fueron a visitar y le dijeron con simpatía:
_ Qué mala suerte has tenido al perder a tu caballo. Te será difícil hacer la cosecha sin él.
El granjero, que era un hombre tranquilo y reflexivo en su justa medida, contestó simplemente:
_ Quizá. Ya veremos
Al cabo de unos meses la yegua regresó acompañada de un potrillo y un magnífico caballo salvaje, que la siguieron hasta el establo. Los vecinos entonces dijeron:
_ ¡ Qué buena suerte, qué maravilla! ¡Venderás el caballo y conseguirás mucho dinero!
Y Simi replicó lo mismo:
_ Quizá. Ya veremos
Al día siguiente, el hijo de Sami intentó montar aquel caballo salvaje y sufrió una caída violenta en la que se partió la pierna de muy mala manera.
Los vecinos regresaron y comentaron con preocupación la mala suerte que aquello suponía para Sami, pues ya no dispondría de ayuda para hacer la cosecha. Y el grajero, una vez más y reflexionando en su justa medida, respondió:
_ Quizá. Ya veremos
Después de unas semanas estalló una guerra en el país, y al pueblo de Sami llegaron unos militares que reclutaban a todos los jóvenes de la región para mandarlos al frente.
Al hijo de Sami no se lo llevaron, pues tenía la pierna rota y no podía caminar. Al enterarse, los vecinos le felicitaron y comentaron:
_ ¡ Qué suerte has tenido, sami¡¡ Tu hijo se ha librado de ir a la guerra.
Y el granjero, como siempre, contestó:
_ Quizá. Ya veremos
A lo largo de todos los años que pasó cultivando sus campos, Simi aprendió a convivir con los cambios que acontecen en la naturaleza, y a aceptarlos tal como vienen, sin prejuzgar si son buenos o malos, ya que eso solo se sabe con el tiempo. (SIGUE)
A veces una fuerte tormenta suponía una bendición para la cosecha, pero en otras ocasiones, el buen tiempo acababa provocando sequía y estropeando la cosecha. Simi sabía que eso mismo pasaba también en la vida: constantemente ocurren cosas inesperadas que pueden hacernos perder el equilibrio.
¿Suponen buena suerte o mala suerte, quizá?
Quién sabe. En realidad, todo dependerá de cómo nos las tomemos y de lo que hagamos con ellas. Quizá

