
Los estudios intentan averiguar si las RRSS son causa de nuevos malestares o más bien exacerban los ya existentes en las personas que se asoman a ellas.
La sociedad del individualismo y sus malestares surge en el siglo XVIII. A ese individuo, pendiente de sí mismo, que va floreciendo desde la Reforma protestante y el Romanticismo, y que hoy es feliz exhibiéndose y buscando aprobación de manera constante, las redes sociales le vienen de perlas, pero también le acarrea malestares y disfunciones psicológicas a través de dos mecanismos bien conocidos por todos.
Por un lado las redes son adictivas por el fenómeno FoMO, que consiste en sentir que uno se está perdiendo algo que tienen los demás, lo que a su vez deriva en preocupación y rumia acerca de la desconexión con lo que está pasando, y prepara el camino para la adicción al móvil, cuyo cliqueo constante, como el picoteo supersticioso de la paloma de Skinner, reduce el citado malestar.
Por otro lado, está el viejo sentimiento de la envidia. Desde que somos verbales compararse es un proceso inevitable, desencadenado por los marcos relacionales comparativos (más que, menos que, etc). Este proceso verbal comparativo podría servir para motivarnos a superarnos, pero en las redes sociales suele provocar un sentimiento desagradable, debido al contenido seleccionado y excesivamente positivo que los otros exhiben en ellas. También “esos otros” derivan en su mente marcos comparativos, de modo que ciclos de envidia se extienden por la red. Se entra en una espiral descendente (sentimiento negativo … comparación …más sentimiento negativo…etc), “de modo que las redes intensifican los malestares, sobre todo cuando estos malestares implican soledad, desconexión y falta de sentido. Y volvemos … a buscar … , con el triunfo de la expectativa sobre la experiencia” – nos dice Marino Pérez. “Mientras uno esté conectado está centrifugado de sí mismo, la soledad está más latente que manifiesta. Cuando uno se queda a solas, la soledad queda al descubierto”.
Los estudios concluyen que la continua conexión en redes, evita experimentar la soledad y el aburrimiento, e involucrarnos más allá de uno mismo, todo lo cual es fundamental para enfrentarse con serenidad a la vida
Fuente: El individuo flotante: la muchedumbre solitaria en los tiempos de las redes sociales. Pérez Álvarez, Marino. Ed. Deusto.

